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SERIE: PERSPECTIVAS REFORMADAS


AREA: FILOSOFIA

 

Fundamentos Bíblicos para la Filosofía*

Dr. Richard Russell

CONTENIDO:

I. El filósofo como discípulo de Cristo

II. Desafiando la autonomía del pensamiento teórico

III. Las consecuencias de la autonomía

IV. El desafió de vivir una vida integral

V. El señorío de Cristo

 

"Ya no os ajustéis a los estándares del mundo presente”, dice el apóstol Pablo, “sino dejad que vuestra mente sea renovada y todo vuestro ser sea así transformado. Entonces podréis discernir la voluntad de Dios, y saber lo que es bueno, aceptable y perfecto", (Rom. 12.2). El "mundo presente" del que el apóstol habla, continuamente busca reemplazar y reprimir la ineludible revelación del Dios Trino. La sustituye con mitos profanos en torno al origen de todas las cosas, al ser del hombre y a la coherencia de la realidad. En consecuencia, Pablo se opone a todo teorizar que, dirigido por mitos busca obscurecer el verdadero conocimiento de Dios, del yo, y del orden del mundo, forzando a "todo pensamiento a rendirse en obediencia a Cristo" (2 Cor. 10.5), quien es el único camino a la verdad y la vida.

Así, toda la gente vive bajo la luz de la revelación o bajo la luz de algún mito, como hijos de Dios o como hijos del maligno. Ni siquiera el filósofo vive por encima de esta situación o más allá de ella. Por cuanto la luz resplandece en las tinieblas, el filósofo busca escapar a un reino de investigación pura, sin embargo no hay ninguno más allá, pues la ricamente diversificada plenitud de la realidad le pertenece a Dios. No hay forma de escapar del carácter creado de la existencia humana, ni del omnímodo llamado de Dios a vivir armoniosamente dentro de su orden para la creación, buscando su Reino primeramente.

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I. El filósofo como discípulo de Cristo

Examinemos el significado del compromiso con Cristo, qué es lo que significa confesar que Jesús es el Señor y qué significa ser un discípulo. Debemos comenzar por la revelación bíblica: que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, que no sólo El es el origen de todas las cosas incluyendo al hombre sino que también todo se fundamenta en El, quien es Cristo. El Señor se ha revelado a si mismo como Creador, Preservador y Redentor del cosmos entero. Las escrituras revelan también que Dios estableció una relación de pacto con el hombre; el hombre necesita saber esto para conocerse a si mismo y para desarrollar un apropiado entendimiento del resto de la creación.

Sin embargo el hombre no se contentó con ser la imagen creada de Dios. Trató de usurpar la autoridad divina y ser como Dios mismo – no dependiente sino auto-suficiente, y no constituido por su relación con Dios. Por cuanto Dios ve a la creación en relación con el hombre, la caída involucró no solo el entenebrecimiento del corazón del hombre y el trastorno de toda función humana, sino que además todo el cosmos fue maldecido a causa del hombre. Sólo en el contexto de esta completa y radical caída podemos entender que la meta redentora es no menos que una renovación total de la vida humana, una nueva humanidad, un nuevo cielo y una nueva tierra, la recreación de la creación de Dios. A través de Cristo, Dios creo todas las cosas y “eligió reconciliar todas las cosas a través de El consigo mismo, haciendo la paz mediante el derramamiento de su sangre en la cruz, para reconciliar todas las cosas sean en la tierra o en el cielo, sólo a través de Él (Col 1.20).

Como nueva criatura en Cristo, el creyente es llamado a la perfección, a una total y completa obediencia que no admite excepciones. Todo aquello que no sea fruto de un vivir fielmente rendido y en dependencia de Dios, es pecado, anarquía y rebelión- raíz de lo cual es siempre la idolatría. No existe campo neutral por que ninguna porción de la vida humana o del mundo que lo rodea existe por si misma o funciona autónomamente o es explicable en función de si misma.

Una observación final a realizar es que el filósofo como amante de la sabiduría debe comenzar en el temor al Señor (Prov. 9.10), debe estar enraizado en Cristo, si es que él o ella ha de llegar a ser sabio por medio de la filosofía. El estudioso debe comenzar sabio para volverse sabio. Tal persona disfrutará las bendiciones del pacto en el tiempo de Dios, aunque con persecución.

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II. Desafiando la autonomía del pensamiento teórico

Hay una gran oposición al señorío de Cristo en cuestiones filosóficas. Existen, en nombre de la ciencia, la filosofía y la academia, insistentes demandas de que el “conocimiento” permanezca completamente aislado de “los asuntos de la fe”. Esto se considera una condición necesaria para la objetividad e integridad. Permítanme introducir esta visión citando brevemente a un profesor de filosofía que ha sido profundamente influenciado por la filosofía lingüística británica. El establece su posición como sigue:

    “Yo mismo tengo convicciones religiosas definidas, sin embargo consideraría totalmente erróneo entrometerlas como presuposiciones tácitas en el proceso real de mi análisis.”

En otras palabras, el análisis filosófico y la interpretación de la realidad deben ser liberados de la guía de la religión. La palabra “entrometer” es de lo más significativa. Una clara implicación es que si nuestro análisis filosófico claudica de sus pretensiones de autonomía y se inclina ante el señorío de Cristo, se convertirá entonces en no-filosófico, prejuiciado y perderá contacto con la realidad. El cristiano es presionado a dejar el campo de la filosofía a los no-cristianos o seguir su ejemplo. Tropezamos aquí con una expresión del dogma de la autonomía del pensamiento filosófico (y científico) con respecto a la fe y la religión. Este dogma ha gozado el status de axioma casi incuestionable a lo largo de la filosofía occidental ya fuese en la forma de la teoría griega, de la ratio-naturalis medieval, o de la moderna razón. En consecuencia, como cristianos sabemos que debemos oponernos a esta antigua y poderosa tradición humana por la cual nosotros mismos indudablemente hemos sido contaminados en cierta medida.

Veamos ahora la clase de oposición que habremos de encontrar si comenzamos a cuestionar el dogma de la autonomía del pensamiento teórico. He aquí algunas líneas de una reseña crítica a “Problemas trascendentales del pensamiento filosófico” del Profesor Herman Dooyeweerd (el cual es un filosofo cristiano de gran influencia).

    “Es muy improbable que el Dr. Dooyeweerd gane muchos adeptos con este libro, especialmente entre aquellos que sienten que los errores en los sistemas metafísicos del pasado y en los muchos “ismos” del presente, se explican suficientemente como consecuencia de una mala lógica, de equivocas ideas en torno al lenguaje o las matemáticas, etc. sin recurrir al velado obrar de motivos religiosos”.

Esta cita contiene la mayoría de los más familiares elementos de oposición. Debemos notar en primer lugar el rechazo a ver la historia del pensamiento humano bajo la luz del tema central Bíblico de la Creación, la Caída, y la Redención en Cristo Jesús (Rom. 1: 16-23). Segundo, es interesante ver cómo el crítico explica la diversidad de sistemas metafísicos e “ismos” contemporáneos. La raíz mas profunda es (¡por fe!) vista en las equivocas ideas en torno a la lógica, el lenguaje y las matemáticas. Cualquier otro diagnostico es tomado como inaceptable y puede ser estigmatizado como no-filosófico. Incidentalmente, esto también descarta otras escuelas filosóficas (e.g. Materialismo, Evolucionismo, Empirismo, Existencialismo, Historicismo, Marxismo, etc.) las cuales mantienen que las raíces mas profundas se encuentran en otros (¡absolutizados!) aspectos de la creación.

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III. Las consecuencias de la autonomía

Una consecuencia inevitable de tal análisis es la existencia de escuelas de pensamiento en conflicto. Esto lo encontramos no solamente en la filosofía sino en toda ciencia especial. Sea que trabajemos en matemáticas, psicología, lógica, ciencias del lenguaje, ciencias sociales o cualquier otra área especial somos confrontados con esta diversidad de escuelas de interpretación del campo de investigación. Esta es la cuestión en torno al punto de vista: ¿Dónde debe uno parase para poder observar todo el panorama apropiadamente?

Pero, ¿cómo, nosotros los cristianos, debemos interpretar esta crisis del conocimiento occidental, con la cual los eruditos de nuestra época luchan desesperadamente? Debemos comprender el inapreciable discernimiento bíblico de que el “incrédulo” es un creyente, pero con un credo diferente. Sea cual sea, su credo siempre será una confesión de la fe en un ídolo. Es inevitable que el conocimiento así como la fe refleje nuestra relación con Dios o con un ídolo.

No es de sorprender que no teniendo ya acceso a la Verdad, la verdad de un aspecto de la creación necesite ser probada con la ayuda de otro aspecto, el cual a su vez no puede reclamar el acceso a la Verdad misma. Por lo tanto en cada disciplina las cuestiones básicas son continuamente desechadas como no concernientes a la competencia del investigador o a la estructura del campo de estudio. De esta forma, el conocimiento y la investigación modernos se rompen en inconexos estudios en torno a detalles que solo pueden ser ofrecidos a la humanidad con la confesión de un básico y subyacente agnosticismo. “¡He aquí lo hechos, pero no sabemos que significan!”. La previa certidumbre concerniente a la unidad de la verdad y el conocimiento ha sido disuelta, dejando una elección sin sentido entre un dogmatismo arbitrario y un nihilismo relativista.

¿Es de sorprender que muchos de nuestros contemporáneos estén convencidos de que la cultura occidental ha llegado a su ocaso? Se están perdiendo ahora mismo a través de las drogas, el misticismo oriental y/o las mitologías modernas. La tragedia es que junto con el Post-Renacimiento Humanista, que en el existencialismo ateo y el positivismo naturalista ha quedado casi exhausto, la gente también rechaza conciente o no tan conscientemente el único camino a la libertad, la vida y la verdad. Pero no somos del todo inocentes, pues hemos acomodado de muchas maneras el evangelio de la gracia a las demandas del temprano humanismo y estamos participando también de su juicio, esto es, su impotencia, su nulidad y su irrelevancia.

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IV. El desafió de vivir una vida integral

Ante nosotros ¡como siempre! existen dos y solo dos caminos. Estos dos caminos son dos fes. Toda fe debido a su naturaleza es totalitaria: reclama al hombre en su totalidad a su servicio. Por un momento, quizá podamos concebir la vida fraccionada en un área de gracia (evangelismo, fe, testimonio personal, teología, religión, experiencia, etc.) y en un área de naturaleza (lógica, matemáticas, arte, lingüística, ley, filosofía, política, física, economía, psicología, educación, etc.) Pero la vida es integral: es toda de una sola pieza. Y tarde o temprano tendremos que enfrentar los imperativos del reino de Cristo. Nuestro llamado cristiano afecta la totalidad de nuestras vidas. Si no respondemos apropiadamente, nos quedamos con una imagen sombría de la humanidad que ha evolucionado de un cosmos que simplemente está “ahí”, y quien debe de construir su propio reino dirigido por la luz de la razón, la cual también simplemente está “ahí”. No podemos vivir de dos maneras; no podemos servir y amar a dos amos. Hoy es el día de nuestra decisión.

Sin embargo, por la fe que Dios nos ha concedido, venceremos al terreno espíritu de incredulidad y al poder del maligno si confesamos desde lo profundo de nuestros corazones que Jesucristo es el Señor de cada esfera de nuestra existencia. En otras palabras, el orden de la creación no tiene fisuras, y no existe centímetro cuadrado del que Jesucristo no diga “Es mío”. ¿Cómo nosotros, embajadores suyos, nos atreveremos a entregar a su enemigo lo que pertenece a nuestro Soberano? Idéntico espíritu condujo en Adán a la caída de toda la humanidad. El mismo espíritu condujo al hombre que vendió a su Maestro por treinta monedas de plata. ¿Cuál es nuestro precio? O al igual que Pedro, ¿confesaremos nuestra fidelidad hasta la muerte para luego negarle tres veces?

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V. El señorío de Cristo

Muchas personas piensan que los humanistas y los cristianos comparten una interpretación común acerca de todo hecho no-religioso. Esto es, por supuesto, el esquema naturaleza-gracia del que hemos hablado anteriormente. Sin embargo el verdadero conflicto es de tipo fundacional. Este conflicto es del tipo más profundo, el cual toca la cuestión en torno al apropiado marco de referencia para la interpretación de todos y cada uno de los hechos. Una vez más nos encontramos con el conflicto entre dos omnímodas perspectivas la una frente a la otra. Una comprensión parcial de esta situación puede llevar a trasladar algunos asuntos de la categoría de la “naturaleza a la de la “gracia”, pero mientras este esquema (no importa qué sea lo que se clasifique como “naturaleza”) continúe dominando, la semilla de la destrucción permanecerá dentro de nuestra manera de pensar. Esto es porque nada está o puede ser aislado del tema central de la creación, caída y redención en Cristo Jesús.

Permítanme ilustrar este punto brevemente. Consideremos una (hipotética) lista de ‘ciencias’ especiales que investiguen diferentes aspectos del orden de la creación, aritmética, geometría, cinemática, física, biología, psicología, lógica, historia, lingüística, semántica, sociología, economía, estética, jurisprudencia, ética y teología. Ahora ¿cuál de estas disciplinas puede desarrollarse de una manera íntegramente cristiana y cuál no? ¿Cuál de estas pertenece al Reino de Cristo y cuál al ‘Reino de la razón’?

Si entregamos las matemáticas, entonces por el mismo motivo debemos entregar la física, y ¿podríamos justificadamente detener este proceso? ¿No una concesión lleva a, y demanda la otra?, y ¿cuánto tiempo pasará antes que debamos conceder que Dios es simplemente ‘irrelevante’ (¡es decir, que esta muerto!) con respecto a todo el amplio campo del conocimiento humano? En este proceso nuestra religión se convertirá necesariamente en mística, moralista y de otro mundo, para ‘hacer las paces’ con las imperiosas demandas del conocimiento científico “autónomo”. La idea bíblica de la redención cósmica a través de Cristo el mediador será reducida a algo para disfrutar tras la muerte, y por lo tanto solo relevante para los ancianos y moribundos.

Esta degeneración de la religión bíblica no es difícil de diagnosticar a la luz de la reveladora palabra de Dios. El apóstol Pablo se rehusó a confiar en las certidumbres de la sabiduría del mundo, “para que la realidad de la cruz de Cristo pudiera conservar toda su relevancia” (1 Cor. 1.17). La afrenta de la cruz es revelar la completa dependencia humana respecto de Dios y demandar su reconocimiento. “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, a quien Dios hizo nuestra sabiduría; El es nuestra justicia; en El hemos sido santificados y redimidos” (versículo 30). Los griegos rechazaron la doctrina de la cruz considerándola locura, irracional, sin sentido, porque estaban en la búsqueda de una sabiduría y verdad sin Cristo, e incluso preferían decir que no existía la verdad antes que doblegarse ante el Señorío de Cristo. Sin embargo Dios, ha condenado a vanidad, oscuridad y frustración todo intento por deshacerse de Él: tanto en nuestras teorías matemáticas como en nuestro teorizar teológico.

Y debo así concluir mis comentarios, cuestionamientos y reflexiones en torno a los altibajos que experimenta el cristiano comprometido con el quehacer académico. Hay principios bíblicos para orientar nuestro pensamiento, resaltados por los encabezados de las secciones de este artículo. En su carta a los Colosenses, el apóstol Pablo nos previene en contra de impíamente hacer las paces con interpretaciones y explicaciones de la realidad aparentemente neutrales las cuales tiene sus verdaderas raíces en religiones apóstatas. El camino de nuestra libertad en Cristo no es una síntesis que acomoda, sino una búsqueda re-formada de traer todo en sujeción a los pies de Cristo. Escuchemos las palabras del apóstol:

    “Por tanto, de la manera que recibisteis a Jesús como Cristo y Señor, así vivid vuestras vidas en unión con El; arraigados y edificados en El; confirmados en la fe, en que fuisteis instruidos; rebosando de gratitud vuestros corazones. Estad en guardia: no permitáis que vuestras mentes sean esclavizadas por especulaciones vacías y engañosas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo”, (Colosenses 2.6-8).

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Nota:

* Este artículo es una revisión abreviada de un ensayo escrito por el Prof. Richard Russell quien actualmente dirige el Christian Studies Unit.

 

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Título original: BIBLICAL FOUNDATIONS FOR PHILOSOPHY
Fuente: Theological & Philosophical Issues,
The Biblical Creation Society

Versión española: Abraham Dueñas de la Cruz
Es traducido y publicado con el debido permiso.

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