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PROBLEMÁTICA EDUCATIVA EN MÉXICO

 

La iglesia cristiana en México y en el mundo se enfrenta a una dura crisis, a desafíos provenientes de la posmodernidad y a una creciente apostasía dentro de sus propias filas. Dicha crisis se expresa de formas variadas en cada uno de los ámbitos en que la iglesia, los creyentes, viven y buscan servir a su Señor. Lamentablemente, en la búsqueda de respuestas significativas a dicha crisis, la iglesia ha recurrido, regularmente, a la síntesis con el pensamiento humanista, al que se busca “cristianizar” mediante un acomodo superficial con la perspectiva escritural, con la visión bíblica.

La crisis de nuestro tiempo tiene que ver con un largo proceso que se funda en el rechazo y la negación sistemáticos de la realidad de que la vida es religión, es decir, o la vida es un pleno y agradecido servicio a Dios, o es el servicio a algún ídolo; esto ha traído como consecuencia la secularización de cada uno de los ámbitos de la existencia humana, entre ellos el de educación. Esta realidad se hace patente tanto en la educación “secular”, como en la “educación cristiana”.

En la educación “secular”, tal negación toma forma en el laicismo, ideología que pretende que la educación debe ser “libre de cuestiones religiosas”, y que por tanto, la formación que las instituciones educativas ofrecen es y debe ser “neutral respecto a cuestiones de fe”. La crisis en la educación “cristiana” es el reverso de la moneda, pues tiene que ver con la reducción del alcance y la influencia de la Palabra de Dios a las cuestiones “espirituales”, “eclesiásticas” y “morales”, abandonando el resto de la vida, incluyendo la educación, al capricho y la influencia de toda clase de ideologías, esto es, a tipos de fe ajenas al cristianismo. De este modo, los padres han sido privados (cosa que generalmente han aceptado con docilidad) de su derecho y llamado fundamental dado por Dios de educar a sus hijos conforme a sus más profundas convicciones y lealtades, es decir, de su derecho y llamado a dar a sus hijos una educación conforme a su fe, en el marco de una visión escritural del mundo y la vida (cosmovisión bíblica), y no en el de los “valores” de un abstracto Estado, los cuales finalmente no son sino el reflejo de la ideología dominante del momento, casi siempre anticristiana. Esto ha traído funestas consecuencias para la vida de los creyentes, quienes se ven atrapados en un dualismo sin solución, es decir, perciben y viven su vida dividida en dos ámbitos, uno “sagrado” , el otro “secular”, sin posibilidad de integrarlos, lo cual a la larga mina su fe y debilita e incluso destruye su testimonio.

Así mismo, la educación superior, bajo el religioso control del mito de la neutralidad en la investigación y el conocimiento científicos, ha negado la posibilidad misma de un cultivo distintivamente cristiano de la ciencia y el saber, privándose a si misma de los beneficios de la renovación de todas las cosas en Cristo Jesús. Las consecuencias de todo esto pueden verse en la lucha infructuosa, de muchos creyentes sinceros, por integrar a su fe los conocimientos adquiridos en instituciones secularizadas con la intención de utilizarlos para el fortalecimiento de la misión y el testimonio de la iglesia en el mundo. Tristemente, los frutos, como los de toda síntesis han sido en su mayoría negativos, esto es, un simple acomodo con el humanismo en las diversas ciencias, y ninguna respuesta genuinamente cristiana y significativa. Las instituciones de educación teológica (el equivalente de la educación superior pero en el área eclesiástica) presentan, debido a la síntesis, una problemática semejante.

Esta situación global de la iglesia, y particularmente de la iglesia en México, requiere de una reforma integral de la educación sobre la base de un retorno a la obediencia a las Escrituras, con la confianza de que la Palabra de Dios nos proporciona el marco de referencia adecuado para articular respuestas significativas a los desafíos que enfrentamos, sin embargo reconocemos que tal solución no es sino un primer paso en la reforma total, que sobre el mismo fundamento, la iglesia en nuestro tiempo requiere